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los pioneros de
la aviación patagónica

Antoine de Saint
Exupéry |
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Recuerdos de Camila Aloyz de Simonato |
| Camila Aloyz de Simonato siempre estuvo relacionada con
la aviación. Cuenta que era chiquita cuando los pilotos
comenzaron a ir a su casa. "Me acuerdo que la primera vez
que los vi, me asusté... con esos sacos grandes de cuero,
esos cascos, las antiparras... parecían monstruos". |
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Con el tiempo los fue conociendo a todos los "muchachos de la
aviación", como le gusta |
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llamarlos. "Siempre entraron por la puerta de la cocina, pues eran
amigos de papá o de mi |
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tío... aunque estuvieran en el hotel, igual pasaban a saludar a mamá,
a la abuela... a ella la |
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adoraban... creo que era como un refugio para ellos... llegaban a
decir que para las |
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bienvenidas cálidas, no había gente como la patagónica, en ningún
lugar del mundo... así |
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como ellos nos abrían los cielos para nosotros, nosotros les abríamos
los hogares...". |
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Los primeros aviadores fueron, Giyane, Bernos, Saint Exupery. "Estos
hombres nos trajeron |
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el mundo a nuestra Patagonia -relata Camila- despejaban el cielo...
teníamos que |
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cuidarlos... ellos abrieron las rutas, las exploraron, dijeron 'el
clima es así', 'puede |
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esperarse tal cosa'... después todo era más fácil...". |
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Volar no era sencillo en el clima patagónico. El viento y el frío eran
moneda corriente y |
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pocos se aventuraban a desafiarlos. "Me acuerdo que se ponían diarios
entre el pecho y la |
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espalda, para protegerse... se calefaccionaban con un anafe del tamaño
de una pelota de |
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rugby, no tan puntuda, de cobre, a la que le ponían barritas de
alcohol solidificado... era |
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lo único...". |
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A la madre de Camila en una oportunidad le habían regalado unas
manoplas de cuero de |
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lobito de mar y se las regaló a Antoine de Saint Exupery... "eran más
calentitos que los que |
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tenían los dedos separados... él estuvo siempre agradecido y cuando
regresó de París, de |
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su viaje nocturno, le trajo el perfume que habían lanzado en su
honor... lo usamos |
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todos...". |
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Ella afirma que el libro más importante de Saint Exupery no es El
principito. "El escribió |
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una trilogía que todos deberían leer, se llama Wind, sand and stars
-Viento, arena y |
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estrellas-... en la primera parte relata sobre la Patagonia... por qué
son los vientos... |
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después continúa con sus vuelos sobre el Sahara y termina con su vuelo
de noche, pues |
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fue el primero en volar de noche, guiado sólo por las
estrellas...". |
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Otro pionero que Camila recuerda con cariño es Casimiro Szlápelis.
"Con sus mejillas |
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rojizas ya curtidas por el sol y el viento, y esos ojos claros que
parecían que se reían |
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solos, volaba...le tiraba caramelos a los chicos de la escuela, cuando
estaban en recreo |
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... él decía que jamás salía sin un rollo de alambre, porque él
arreglaba todo |
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con alambre...". |
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Cierta vez Casimiro se apareció en la casa de Camila con Jorge
Tataroff, un médico recién |
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llegado de Europa y que se había radicado en Río Senguer, a unos 300
kilómetros al oeste |
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de Comodoro. Tataroff apenas hablaba el castellano pero igual se hacía
entender entre los |
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pobladores. "Casimiro -cuenta Camila- cada dos por tres lo llevaba en
su avión, sobre |
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todo en casos de emergencia... esa vez que llegaron a casa, el vuelo
había estado muy, |
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muy agitado... Juan (mi marido) le preguntó al médico: |
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-¿Y Tata... qué tal el viaje... |
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Y Tataroff, aún pálido, le respondió Ah, ché... todavía tengo huevas
en garganta...". |
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Historias que se amontonan en la garganta de Camila, mezcla de
nostalgia con alegría. |
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Aunque quiera no podrá olvidar nunca a Próspero Palazzo, a Mingo
Yrigoyen, a quien le |
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decían "el miyonario", porque tenía más de un millón de horas de
vuelo, a Grosso, a Luro |
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Cambaceri, a Tula, a los hermanos Tomás y Norberto Fernández, y a
tantos otros. |
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Eran gente de un coraje increíble, personas muy especiales... algunos
eran prófugos... pero |
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todos tenían algo más... eran locos lindos...". |