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"Ingeniero Carlos Casaffousth"

Reseña biográfica por Doralice Lusardi

NOTA: En el artículo de José S.Borrero Rivera "Ovejas para la Patagonia", de la revista Todo es Historia", Nº 366, pp.50-63, se menciona al ingeniero participando, con el perito Francisco P.Moreno y Antonio Oneto, en una comisión exploradora de la Patagonia en 1879 (Pág.55). Ese dato incluído en mi sitio web, provocó la conexión con la historiadora Doralice Lusardi, quien gentilmente me envió la presente reseña. R.E.D.

 

El 24 de agosto de 1900 moría en Gualeguay el ingeniero Carlos Casaffousth

 

CARLOS CASAFFOUSTH, UN GIGANTE CAÍDO

 

Sólo medía un metro sesenta y cinco, pero su estatura profesional aún hoy nos intimida. En Córdoba, suponen que se suicidó estando en prisión. En Gualeguay -donde en realidad murió hace exactamente un siglo- casi nadie sabe quién fue ni conoce el lugar donde descansan sus restos. Pero el viejo dique San Roque perdura silencioso en el lago al que diera vida y, cuando bajan las aguas,  se asoma para recordarnos a Carlos Casaffousth.

 
VIAJE HACIA OTROS TIEMPOS

            Los invitamos a abandonar por un momento este presente a veces desalentador, para trasladarnos hacia una época de optimismo, de confianza casi ilimitada en las posibilidades del ser humano y del progreso de nuestro país. Viajemos con la imaginación hasta la Argentina de fines del siglo XIX.

            En ese marco, evoquemos a un grupo de hombres emprendedores y decididos, a los que suele denominarse “generación del ‘80”: una aristocracia en la que educación, dinero y poder intervenían en proporciones variables para ubicarlos en una situación social y política de privilegio.

            Enfoquemos en Córdoba a ese grupo dirigente, que vivía la sensación de estar contemplando –protagonizando, provocando- un gran cambio que dejaba atrás épocas de quietismo y atraso, para entrar en la era del progreso, la razón, la ciencia y la técnica. Dentro del grupo, acerquémonos a dos hombres -Carlos Adolfo Casaffousth y Juan Bialet Massé- que pusieron en juego sus capacidades, bienes y prestigio para realizar un emprendimiento de avanzada, una colosal obra de embalse y distribución de agua:.

            Hoy, en particular, detengámonos en Casaffousth, de cuya desaparición se cumple un siglo. Graduado como ingeniero en París, dominio de idiomas, memoria prodigiosa, obsesivo afán de perfeccionamiento y actualización, existencia oscilante desde temprana edad entre la felicidad y la tragedia. Cuando tenía poco más de treinta años, le tocó vivir en Córdoba su logro profesional más importante y -casi sin transición- el comienzo de su derrumbe económico y espiritual.

            Ocurrió en esta misma provincia que lo recuerda entre verdades, leyendas y omisiones, imaginando un suicidio que no existió y desconociendo la verdadera dimensión de su obra, de la que el dique San Roque es sólo una parte.

Casaffousth merece de los cordobeses mucho más que eso. Para empezar, merece que lo conozcamos; lo demás vendrá por añadidura...

 
CONOCIENDO A CASAFFOUSTH

            Carlos Casaffousth, nació en Buenos Aires en 1854, de madre francesa y padre argentino.             La infancia de Carlos ha de haber sido, sin duda, fuera de lo común. Para empezar, fue ahijado de Sarmiento, a quien su padre, José María Casaffousth, había conocido durante uno de sus viajes por Europa. A propósito de Casaffousth padre, podemos acotar que aparece como todo un personaje, misterioso y aventurero: empresario naviero, comerciante, trotamundos y periodista... entre otras cosas. Él llevó al pequeño Carlos a recorrer lejanas tierras (existe una foto de ambos en Rusia) y lo abandonó tempranamente, al suicidarse cuando su hijo contaba sólo dieciséis años.

            La notoriedad del desaparecido convirtió a su muerte en noticia periodística. A través de la crónica, podemos enterarnos de que encomienda a sus amigos velar por sus seis hijos, muy en particular por “mi Carlos, que hoy se halla estudiando en el Colegio Nacional”. Los detalles que se relatan de este suicidio son terribles, y permiten imaginar el drama que conmovió a la familia Casaffousth, que hasta entonces había vivido en aparente bonanza.

            A pesar de todo, don José María los había dejado en holgada posición económica, lo que permitió a Carlos seguir estudios en Francia. Allí se graduó como Ingeniero -siendo discípulo de Gustave Eiffel, artífice de la célebre torre- y en 1877 emprendió el regreso hacia Argentina. Su pasaporte nos permite saber que no era muy alto (1,65 m), tenía tez blanca, “ojos, bigotes y cabello negro”.

            Ya en nuestro país, se desempeñó como ingeniero en diversas reparticiones nacionales, en proyectos relacionados con ferrocarriles, telégrafos, puentes y otras obras con que la Argentina de fines del siglo XIX apostaba a la modernización y al progreso indefinido.

 

EL DIQUE SAN ROQUE Y SUS HACEDORES

            Hacia 1882 llegó a Córdoba, donde se vinculó al gobernador Miguel Juárez Celman y al círculo gobernante. A poco se radicó aquí con su familia; compró tierras, fue profesor y Decano en la Universidad de Córdoba y hasta ocupó una banca de legislador. También se asoció al empresario francés Dumesnil, para proyectar un emprendimiento colosal: las Obras de Riego de los Altos de Córdoba.

            Porque el viejo dique San Roque, a pesar de ser en sí un logro admirable, sólo es una parte de un proyecto mucho mayor, de un plan integral que incluía además al dique Mal Paso, los canales maestros Norte y Sur y una verdadera red de canales menores, cuyo propósito era irrigar unas 30.000 hectáreas. Se buscaba así atraer a la inmigración, colonizar esas tierras, aumentar el área sembrada y la producción que Córdoba pudiera volcar a los diversos  mercados, con la consiguiente prosperidad para la provincia.

            Este proyecto, que ya había sido vislumbrado por algunos precursores, fue en definitiva impulsado por Juárez Celman, quien (Gobernador primero, Senador luego, Presidente de la Nación después) apoyó y sostuvo la continuidad del mismo, hasta su completa ejecución.

            Tiembla el pulso y vacila el ánimo al intentar resumir en tan breve espacio la magnitud de la obra. No sólo hubo que diseñar y construir los diques San Roque y Mal Paso y la red de canales; hubo que calcular el material que se usaría, las eventuales filtraciones que se producirían en el muro, la inclinación que debían tener los canales, los árboles que debían plantarse en sus márgenes para evitar la evaporación, los acueductos necesarios (el de Saldán y el de Villa Walcalde son dos bellas muestras de los mismos), e infinidad de aspectos que fueron previstos en sus mínimos detalles.

            En 1884, tras realizar Dumesnil y Casaffousth los estudios necesarios, la obra comenzó a ejecutarse. Dos años después, en 1886, el doctor Juan Bialet Massé se hizo cargo, como contratista, de la continuación de la misma.

            El encuentro entre Casaffousth y Bialet –médico, abogado, empresario, interesantísima personalidad imposible de encasillar aún dentro de esos amplios parámetros- derivaría en una relación respetuosa, comprometida y leal, intelectualmente estimulante para ambos y fecunda en resultados. Ambos llevaron adelante una obra en que intervenían más de 2.500 trabajadores, en una tarea titánica que apenas si puede atisbarse en las numerosas fotos que Bialet Massé tuvo la prevención de hacer sacar. [1] En cuanto a Casaffousth, conviene recordar que su tarea de ingeniero no se limitaba a cálculos de escritorio, sino que implicaba un trabajo de campo pleno de riesgos, en el que, por ejemplo, tuvo quesubir y bajar atado con lazos, dando tumbos y caídas” , entre los desprendimientos de peñascos que causaron más de una muerte entre obreros y técnicos, por aplastamiento de tórax o de cráneo.

            Talentosos, emprendedores y preparados, los dos hombres crecieron profesional y económicamente, al amparo del enorme poder alcanzado por Juárez Celman y su círculo. Pero la política oficial había acentuado profundas divisiones dentro de la sociedad cordobesa. Liberales y laicistas, los hombres del grupo gobernante habían causado irritación en los círculos próximos a la Iglesia Católica, con diversas medidas que desencadenaron una escalada de agresiones entre ambos sectores.

            En ese marco, el dique sería un blanco propicio para los ataques. Su construcción, que terminó hacia 1890, fue acompañada por los más variados rumores: se hablaba de negociados, de robo, de defectos de construcción, de malas cales (se habían usado las que producía Bialet, en lugar de las inglesas que habitualmente se empleaban); se concluía que el dique podía ceder en cualquier momento, y en ese caso –se decía- la ciudad de Córdoba desaparecería bajo las aguas. El pánico comenzó a ganar terreno.

            Según los estudiosos, en la campaña contra las obras de riego intervinieron distintos sectores afectados por la política vigente: los clericalistas a los que ya aludimos; los importadores de cales y cemento provenientes de Europa; el centralismo porteño, afectado por el proyecto de un canal fluvial Córdoba-Río Paraná, que pondría en peligro su hegemonía...[2]

 

¡DISPAREN SOBRE LAS OBRAS DE RIEGO!

            Cuando en 1890 se produjo la caída de Juárez Celman, las críticas al dique arreciaron, así como las calumnias contra sus responsables.- Desde el ámbito oficial no se atendía al mantenimiento y conservación de las obras, lo que ocasionaba problemas que, con ligereza,  empezaron a ser atribuidos a supuestas deficiencias en la construcción. El clima se iba enrareciendo...

             El gobierno apeló a la opinión de expertos; algunos, muy cuestionables, presentaron informes lapidarios respecto del dique y del trabajo realizado por Bialet y Casaffousth. Finalmente, éstos fueron procesados, permaneciendo más de un año en la cárcel. Aunque tuvieron el apoyo de mucha gente de prestigio, su buen nombre se vio afectado, y el perjuicio económico que sufrieron fue muy grande.

            Casaffousth, que había creído tocar el cielo con las manos cuando se le encomendó la obra, tuvo que presenciar el derrumbe de cuanto creía haber construido. Su capacidad profesional era cuestionada con ligereza; se lo acusaba de realizar cálculos errados, de usar materiales defectuosos o procedimientos incorrectos. Los títulos de propiedad que había dado en garantía, se perdieron; las tierras que hipotecó, pasaron a poder del Banco acreedor. Ensañándose aún más, la difteria le arrebató a uno de sus cuatro pequeños hijos.

            A fines de 1893, Bialet Massé y Casaffousth fueron absueltos, cargándose las costas del juicio a la Provincia. Poco tiempo después, el ingeniero Casaffousth se iba de Córdoba, embargado por el dolor y el resentimiento. Sólo volvería una vez, por pocas horas, para llevarse los restos de su hijito muerto.

La vida ya no volvería a sonreírle. Realizó todavía algunas importantes obras hidráulicas, como el Canal de la Cuarteada, en Santiago del Estero, pero allí también perdió dinero y la enfermedad se siguió llevando la vida de sus hijos, quedándole viva tan sólo una niña, María Eugenia.

            Finalmente, cuando asomaba el siglo XX, Carlos contrajo una afección bronquial, a causa de su trabajo entre la humedad y el barro.

Una pleuresía puso fin a su vida, no sin antes hacerle soportar –según los periódicos de la época- “una dolorosa operación”. Tenía solamente cuarenta y seis años cuando murió, en una casa de campo perteneciente a la familia Lazo –la familia de su esposa- cerca de la localidad entrerriana de Gualeguay.

            Su obra, en cambio, sigue en pie. Jamás cedió, ni aún cuando se pretendió derribarla con dinamita tras la construcción del nuevo dique San Roque, iniciado durante la gobernación de Amadeo Sabattini e inaugurado en 1944, bajo la presidencia de facto del general Farrell.

 

LOS PASADIZOS DE LA MEMORIA

            La Prensa, La Nación, Los Principios, dieron cuenta del fallecimiento del ingeniero Casaffousth, con notas de diverso tenor. Especialmente conmovedoras fueron las palabras publicadas en el diario La Libertad por Bialet Massé: toda su admiración, su cariño, su compasión por Casaffousth están en ellas como así también la impotencia y el dolor ante la injusticia que lo doblegara. El viejo Bialet, fuerte a pesar de todo, seguía rugiendo y poniendo el pecho por su amigo, más allá de la muerte.

            Históricamente, pues, no queda ninguna duda de que Casaffousth murió en Gualeguay, de pleuresía, el 24 de agosto del año 1900, ni de que la noticia se supo aquí de inmediato; la bandera que flameaba en el dique San Roque se izó a media asta y el gobierno dispuso enviar a la viuda una nota de pésame. ¿Por qué entonces en Córdoba la memoria colectiva no registra la información y supone que se suicidó en la cárcel local?

            Más de medio siglo después, en 1956, una delegación de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales concurrió a Gualeguay a rendir ante la tumba de Casaffousth el homenaje de la Universidad de Córdoba, y los diarios de la época reflejaron el hecho. ¿Por qué Córdoba volvió a olvidarlo y subsiste la versión del suicidio?

            A modo de arriesgada hipótesis, podríamos aventurar que el inconsciente colectivo sabe que Carlos Casaffousth comenzó en realidad a morir ocho años antes, aquel día de octubre de 1892 en que, acusado de defraudación y de haber atentado contra la seguridad y la vida de todos los habitantes de esta provincia,  se presentó espontáneamente a la policía para evitar ser detenido mientras dictaba sus clases en la Facultad, siendo puesto de inmediato en prisión para –según palabras del fiscal- “desagraviar un tanto a la sociedad y a la ciencia, resentidas (...) por la aparición de tanto sabio improvisado”. 

                                                                       Doralice Lusardi de Capelli 

 

Textualmente: el riego en Córdoba

·        “(...) el río, después de atravesar una amplia llanura donde derrama sus crecidas, en un punto dado penetra en la montaña de piedra por una estrecha garganta que lo aprieta y estruja para permitirle el paso. Allí en ese punto haremos una pared, represaremos las aguas y al río lo aumentaremos en millones de ríos para irrigar los altos de Córdoba durante todo el año” (Dumesnil, 1881)

·         “(Alberdi) ha marcado el camino a seguir para los gobiernos de América, con la máxima gobernar es poblar, que nosotros podríamos traducir para su aplicación en la provincia en una fórmula más concreta: poblar es regar”. (Miguel Juárez Celman. 1883)

·        “ Sujetos a grandes crecientes, tan rápidos y abundantes como estériles, ninguno de nuestros ríos tiene una represa para dar colocación a las aguas de lluvia y regularizar su corriente (...) Hay, pues, una desidia en dejar este inmenso elemento de riqueza y prosperidad pública (...) abrigo la firme convicción de que mi sucesor no habrá descendido del mando sin que se haya llevado a cabo la irrigación de los campos del Tercero y de los Altos de Córdoba”  (Miguel Juárez Celman, 1883)

  

Textualmente: Casaffousth, con su propia voz

 

  •  “Y ya que se presenta la oportunidad para que la verdad se diga, quiera Ud. oírla. Una de dos, o se da a la Facultad de Ciencias de la Universidad de Córdoba los elementos necesarios para llenar los altos fines a que está especialmente llamada por hallarse en un centro no comercial sino industrial, o se suprime la Facultad, concretándose los recursos del Gobierno a la Universidad de Buenos Aires, que francamente monopoliza la enseñanza superior, y donde los alicientes febriles del lucro serán siempre en este país nuevo un impedimento para que profesores y alumnos se concreten a sus deberes. Ruego a Ud. disimular la franqueza de mi lenguaje; emana de mis convicciones y del deseo natural de ver en mi  país que tantos recursos posee, una verdadera escuela de Ingeniería, que tanta falta hace para nuestro progreso.” (siendo Decano de la Facultad de Ciencias Físico Matemáticas de la Universidad de Córdoba, al Ministro de Instrucción Pública de la Nación, 1888)
  •  (...) he resuelto con todo sentimiento irme de Córdoba, donde me había fijado definitivamente y donde han nacido todos mis hijos. Pero soy ahora (...) el autor del gran crimen, del desastre y otras lindezas por el estilo. (...) V. comprenderá mi resolución de irme de aquí tan pronto como se termine, o mejor diré, se consuma el salvajismo con que se me acomete.” (1892)
  •  “La caída del dique es solución eliminada, desde que se prueba matemática y prácticamente que quedará en pie, condición que es tan incompatible con la primera como el ser con el no ser.”
  • “Las Obras de Riego de los Altos de Córdoba son y serán siempre, cualquiera sea el progreso a que llegue la República, obras que figurarán en primera línea, tanto por su utilidad como por su buena ejecución” (1892)

   

Textualmente: El hombre y la obra

  • “Su honradez estuvo fuera de toda duda, modesto en sus ambiciones no tenía otros derroches que para su biblioteca ni otro lujo que sus instrumentos, siempre los más modernos, los más perfectos. Muere pobre, tan pobre de dinero como rico de ciencia y de gloria.” (Bialet Massé, 1900)
  • “Esposo amantísimo, padre cariñoso, sus placeres estaban en su hogar; la pérdida de la salud de su esposa, la muerte de sus hijos arrebatados por la difteria y el tifus, le arrancaron a jirones el alma, hasta el punto de temer por su razón; trabajaba sin descanso para distraerse, y trabajaba día y noche. La imagen de sus hijos queridos le acompañaba hasta en el sueño.” (Bialet Massé, 1900)
  • “Si todas las energías gastadas en criticar a Casaffousth se hubieran dedicado a imitarlo, si toda la inventiva aplicada a idear enmiendas a su obra se hubiera consagrado a idear nuevas obras sobre otros ríos, la provincia de Córdoba sería hoy una de las mejor regadas regiones del mundo entero” (R. Kurtz, 1923)

  

Casaffousth y Eiffel

 

En una publicación realizada por los descendientes de Carlos Casaffousth, se relata este episodio, supuestamente transmitido por él mismo:        

“(...) paseando un día por uno de los parques de la gran ciudad (París), y yendo del brazo con uno de sus condiscípulos, habló a éste en tono confidencial de planes fantásticos para el futuro:“En mi patria, en la Argentina, construiré caminos y diques”. El condiscípulo francés le respondió, muy seguro de sí mismo: “París me admirará”. Ambos pronósticos se cumplieron: el compañero de estudios de la Escuela Politécnica se llamaba Eiffel.”

Por otra parte, según el ingeniero Emilio Olmos, cuando en 1889 se terminaba el dique San Roque y Eiffel concluía también su torre de París -destinada a la Exposición Internacional de homenaje al primer centenario de la Revolución Francesa- éste habría manifestado: “(...) la torre, ha sido hecha para la Exposición y se mantendrá mientras ella dure; la obra de ingeniería más duradera, más importante y de mayor utilidad que se construye en el mundo es el dique de San Roque en la República Argentina, proyectado y dirigido por mi distinguido discípulo, el ingeniero Casaffousth”

Como éstos, otros testimonios familiares y diversas referencias coinciden en señalar la estrecha vinculación entre Casaffousth y Alexandre Gustave Eiffel, aunque algunos los mencionan como condiscípulos y otros como alumno y maestro. Como sabemos que Eiffel se graduó en la École en el año 1855 y Casaffousth en 1877, solamente quedaría en pie la segunda de las hipótesis, sin que hasta el momento hayamos encontrado indicio alguno que permita confirmarla.

 

 [1] Muchas de esas fotos pueden ser apreciadas en el Museo y Casa de la Cultura en la localidad de Bialet Massé

 [2] Se recomienda la lectura del exhaustivo trabajo de Luis Rodolfo Frías "Historia del dique San Roque", a quienes deseen profundizar este tema .

 

 

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