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El CORREO
MAZAREDO (Santa Cruz)
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En el transcurso de
la expedición científica y de descubrimientos que realizó el capitán
Alejandro Malaspina con sus corbetas "Descubierta" y "Atrevida" a lo
largo del litoral marítimo argentino, navegando en el golfo San Jorge en
noviembre de 1789, a una de las bahías situadas en el noreste de la
actual provincia de Santa Cruz, la nombró "Mazarredo" en homenaje al
marino español José María Mazarredo y Zalazar.
Desde tiempo inmemorial, el paraje fue visitado por tribus nómades de indios tehuelches, sin existir asentamientos permanentes.
La Patagonia carecía
de comunicaciones telegráficas en 1899. En tan extenso territorio sólo
funcionaban 7 estafetas en distantes incipientes poblados o simples
parajes situados sobre la costa atlántica, donde cada 1 ó 2 meses
hacían escala los barcos de transportes de la Marina de Guerra, único
vínculo más o menos regular que rompía el aislamiento con el mundo
exterior.
Hacía años que estaba
proyectado extenderle tan moderno servicio de fines del siglo XIX.
Incluso en 1898 fue comisionado el capìtán de fragata Eugenio M. Leroux,
para levantar un mapa del territorio entre Puerto Madryn y Puerto
Deseado, donde fijó datos interesantes sobre la región y las posibles
trazas de la futura línea telegráfica, pero también expresó su
pensamiento negativo, como lo reflejó un diario de Buenos Aires que lo
entrevistó y viene al caso reproducir, para apreciar mejor la epopeya
del telégrafo que vino luego : "Regresó
poco satisfecho del éxito de su expedición, pués considera un fracaso la
idea del establecimiento de una línea telegráfica en la costa del
Atlántico, por las grandes dificultades del terreno. La distancia
resulta enorme por las bahías y golfos; y los muchos bañados y campos
deshabitados, harían imposible el cuidado de una línea, que se vería
continuamente expuesta a ser arrancada por los fuertes vendavales".
Siempre latente la conflictiva cuestión de límites con Chile, hacía imprescindible el establecimiento de mejores comunicaciones estratégicas en toda la costa marítima, pués las grandes distancias entorpecían las que obligadamente debían mantener los barcos de la Marina y las tropas del Ejército destacadas en el Sur. Además existían requerimientos de las grandes potencias navieras de la época, para que se tendiera una línea telegráfica que bordeara el litoral el litoral atlántico, pués debía tenerse presente que se utilizaban el cabo de Hornos y el estrecho de Magallanes, únicas vías interoceánicas existentes con el Pacífico, que demandaban una larga travesía por mares muy tormentosos, durante la cual los navíos quedaban aislados del mundo. Coincidente con
este panorama y para tratar de resolver las diferencias de límites entre
ambas naciones que estaban causando una crisis en las relaciones
binacionales, en 1899 el presidente Julio A. Roca viajó al estrecho de
Magallanes, donde en aguas próximas a Punta Arenas, el 19 de febrero se
encontró con su colega chileno Federico Errázuris, para conferenciar
sobre tan grave asunto. También visitó algunos puertos del Sur
argentino, donde supo captar los problemas australes y dispuso darles
rápidas y adecuadas soluciones, entre ellos las comunicaciones
telegráficas.
Por todos esos
importantes motivos, Roca decidió que prioritariamente fuera construído
el Telégrafo Nacional a lo largo de la costa atlántica desde General
Conesa (Río Negro) hasta Cabo Vírgenes (Santa Cruz), con una extensión
de 2.126 kms., que incluyó instalar 27 nuevas oficinas, valorado por los
habitantes beneficiados de la Patagonia y reconocido por los principales
diarios de Buenos Aires, quienes resaltaron las grandes ventajas del
denominado "Telégrafo del Atlántico", o con mayor propiedad "Telégrafo
poblador".
Con celeridad se
pasó del proyecto a los hechos. La Dirección General de Correos y
Telégrafos confió la conducción de tan importante obra a su
experimentado inspector técnico José Olivera, quién cuidando los más
mínimos detalles, por barco desde Buenos Aires trasladó hombres,
víveres, materiales, carros, animales de transporte, forrajes, etc., a
lugares donde hasta el agua faltaba.
Los trabajos
comenzaron a fines del mismo año. Se alojaban en carpas y desarrollaron
las duras tareas muchas veces en forma penosa, bajo el inclemente clima
patagónico. Fue necesario abrir caminos para tender la línea
telegráfica, levantar casillas para que funcionaran las oficinas y se
alojaran los empleados, excavar pozos de agua, etc..
Consistió en una
casilla de madera forrada en el exterior con zinc canaleta, de 10 metros
de frente, por 6 y medio de fondo, con 5 piezas, donde además habitaban
los empleados. Separados se agregaron una cocina y un retrete, también
de zinc.
Situada a unos 5 kms. de la costa para asegurar la provisión de agua en una aguada cercana, la oficina fue provista de todos los elementos telegráficos, mobiliarios, útiles y herramientas necesarios para su funcionamiento, mientras el personal recibió vajilla de cocina y por la lejanía de los centros donde aprovisionarse, tambien le dejaron víveres secos, suficientes para estar abastecidos entre los espaciados viajes de los barcos que lo surtirían en adelante, y una majada de 4 carneros y 200 ovejas, para alimentarse con su carne.
Integraron la
primera dotación: jefe, Tiburcio Martínez, y guardahilos, Leocadio
Leiva. Otros jefes cuyos nombres han perdurado son : Alfredo Casella,
1902-04; Elías Valdovinos, 1917; Ángel Molina, 1927; Mario Tomassini,
década 1920; José Ramón Mejica, 1930; Ángel González, ¿ 1943-55?,
Antonio Ampuy. 1958. De los guardahilos se recuerda a Ramón Rodríguez,
década 1920.
En 1903 la oficina
fue asignada administrativamente a la jurisdicción del recién creado
Distrito 24º de Correos y Telégrafos con sede en Río Gallegos, donde
permaneció hasta 1945, cuando por razones prácticas de proximidad, fue
transferida al Distrito 23º con cabecera en Comodoro Rivadavia.
El arribo de
personas que comenzaron a establecerse en las inmediaciones, impulsó una
gestión en Buenos Aires, difundida así por "La Nación" del 10 de febrero
de 1905: "Los comerciantes, estancieros y
pobladores dirigieron una solicitud al Ministro del Interior pidiendo la
delineación del paraje conocido con el nombre de Oficina Mazaredo, dando
al pueblo el nombre de Presidente Quintana", que recientemente
había asumido el cargo.
No encontramos
indicaciones prosperara el pedido, pero se nombró un Juez de Paz en 1906
y un subcomisario en 1907, signos que progresaba el lugar. En 1910 el
diario mencionado informa sobre el reclamo efectuado por los pobladores
de Caleta Olivia, quienes por carecer de Juez de Paz, se veían
obligados a trasladarse a la distante Mazaredo para realizar los
trámites que necesitaban su intervención. La Guía de Correos y
Telégrafos de 1930 informa que ésta tiene 105 habitantes, mientras
Caleta Olivia 65, que incluyen a quienes viven en los establecimientos
ganaderos. Casi cien años después la noticia parece una broma, pués
Caleta Olivia es la segunda ciudad de Santa Cruz con unos 45.000
habitantes, mientras Mazaredo está deshabitado.
El historiador
Carlos Santos, realiza esta descripción de Mazaredo en 1911:
"La población se componía de la Oficina
de Correos y Telégrafos, el boliche de Ansín, el juzgado de paz, un
hotelito de los señores Silva y Leyva y una casa de comercio que surtía
a los establecimientos de los alrededores y a cuyo frente se hallaba el
Sr. Marcos Frenmel. Esta zona era visitada por tropas de carros que
traían la lana al embarcadero y llevaban víveres y materiales de
construcción a las estancias. También llegaban arrieros que llevaban
majadas compradas en esa zona, al interior de la provincia, generalmente
después de las esquilas."
Las difíciles
condiciones de vida y sueldos poco atractivos, no eran alicientes para
quedarse mucho tiempo en las oficinas patagónicas y eran frecuentes los
pedidos de traslados de los empleados, pero todos ellos tuvieron en
común el anónimo y olvidado esfuerzo de servir al país en tan lejano
lugar: los jefes atendiendo el servicio telegráfico en jornadas
interminables, y los guardahilos, quienes se exponían a los peligros,
especialmente en los crudos inviernos, cuando debían recorrer grandes
distancias en la accidentada geografía cubiertas de nieve, para
reestablecer las comunicaciones arreglando las líneas tiradas al suelo
por las tormentas o afectadas por otro tipo de desperfectos, causados
por el paso del tiempo y el rigor patagónico, que hacía necesario
reemplazarlas por una nueva, situación empeorada por la falta de
personal, como desde Puerto Deseado lo informa el corresponsal de "La
Prensa" el 1º de marzo de 1918 : "Las
recientes interrupciones de la línea telegráfica, causan grandes
perjuicios a estas regiones que se ven privadas de informaciones
comerciales y particulares de interés general.
"Aquí donde el telégrafo consritruye
el único medio rápido de comunicación con los centros comerciales del
país, dado lo reducido del tráfico marítimo, se deja a los habitantes
aislados completamente.
"En general el mal radica en el mal
estado de la línea del Sur, que hace años no se repara y también en
defectos administrativos que se acentúan más debido al aumento enorme,
cada año de los despachos telegráficos.
"Además muchas oficinas de la campaña
carecen de guardahilos por haber sido traslados a otras partes y no
reemplazados."
Los telegramas
se enviaban y recibían por intermedio de Comodoro Rivadavia, donde eran
encaminados a destino, mientras que para transportar los envíos postales
de Mazaredo, el Correo comenzó utilizando los barcos que realizaban el
cabotaje entre Buenos Aires y Tierra del Fuego, los transportes navales
"Santa Cruz", "Primero de Mayo" y "Guardia Nacional", y de la Compañía
Hamburgo Sud Americana representada por Antonio Méndez Delfino y Cía,
los vapores "Camarones", "Chubut", "Mendoza", "Presidente Mitre",
"Presidente Quintana" y "Presidente Roca", todos los cuales llevaban un
estafetero a bordo para trasladar y hacer los intercambios en los
puertos que llegaban.
Cuando algunos
barcos omitían esta escala en sus viajes, porque no les convenía
hacerlo, ocasionaban excesivas demoras a la correspondencia, y hacía
1930 cesaron las visitas. Por tal motivo, el Correo estableció una
segura comunicación terrestre con Puerto Deseado, donde todos se
detenían. Hasta la clausura de la oficina, el servicio de mensajería se
realizó mediante contrato con particulares que utilizaban, primero
caballos y después vehículos automotores, aprovechados también para
llevar los víveres que compraba el personal de la oficina.
A fines de la
década de 1930, la casilla de chapa y madera estaba deteriorada y fue
reemplazada por un nuevo y cómodo edificio construído con piedras de la
región, con mayor espacio en los sectores destinados a funcionamiento de
la oficinas y vivienda del jefe. Además, otro de menores dimensiones
para alojamiento del guardahilos.
Con la declinación
de la actividad económica de la zona, que incluyó cambiar a Puerto
Deseado o Caleta Olivia el sitio de embarque de la producción lanera de
las estancias existentes en la zona de influencia dedicadas a la cría de
ovejas, única explotación económica posible, hacia 1950 el lugar quedó
deshabitado, y sin movimiento la oficina, que más adelante perdió
trascendencia como base de guardahilos para mantener en buenas
condiciones el sector de la línea telegráfica a su cuidado, al quedar
inutilizada por serios desperfectos ocasionados con el paso del tiempo,
cuya reparación no resultaba posible debido a su extensión y magnitud.
Además, en el plan de modernización para agilizar las trasmisión de
telegramas, el sistema telegráfico fue reemplazado por un circuito de
teletipo entre Comodoro Rivadavia y Puerto Deseado, usando otra vía.
Por todo esto, el
17 de diciembre de 1973 se dispuso clausurarla definitivamente, hecho
concretado el 17 de junio siguiente.
MATASELLOS Y MARCAS POSTALES
Debido al escaso
movimiento que tuvo la oficina, se reduce la posibilidad de encontrar
sobres despachados allí, pero intentaremos reconstruir la historia de
los matasellos que fueron aplicados.
El primero, tipo
doble círculo, con la leyenda "Bahía Mazaredo", debió ser provisto al
inaugurarse la oficina, pero no lo conocemos utilizado.
Hacia 1910 el
Correo llevó a cabo una renovación bastante general de matasellos en
todo el país, que mantuvieron el diseño con doble círculo, algunos de
los cuales permanecieron en uso más de 20 años. Uno de ellos, con el
nombre grabado "Mazaredo", reemplazó al anterior.
Entre fines de la década de 1920 y principios de 1930 se generalizó el empleo de los matasellos con círculo simple, que sustituyeron a los anteriores. Por decreto nacional del 31 de mayo de 1944 se creó la Gobernación Militar de Comodoro Rivadavia, pasando a formar parte del mismo el norte de Santa Cruz, incluído Mazaredo, por cuyo motivo fueron modificados todos los matasellos de las oficinas y estafetas postales ubicadas en la nueva jurisdicción política, grabándoseles "G.M.C.R.". Esta situación se mantuvo hasta junio de 1955 cuando se disuelve la gobernación militar y son provincializados los territorios nacionales, reestableciéndose la soberanía de Santa Cruz sobre esa parte antes seccionada, volviendo a tener los matasellos las iniciales "S.C.". Para registrar el número de control sobre las cartas certificadas, a las oficinas creadas por Olivera, también les entregó un sello rectangular, que en este caso debió tener la leyenda "R / BAHÍA MAZAREDO / Nº....(STA. CRUZ)", el cual tampoco hemos visto aplicado. En el transcurso de la primera década del siglo XX todas las oficinas fueron provistas con libretas para recibir certificadas, cuyo marbete numerado para adherir a la carta tenía impreso el nombre de la oficina, del cual sobrevivió el colocado a la carta fechada el 4 de abril de 1911, embarcada dos días después en el "Presidente Quintana", que arribó a Buenos Aires el 27 de abril, donde fue resellada el día siguiente. Está dirigida a Olivera y es una de las rarezas de la historia postal patagónica, que hoy adorna la colección del Dr. Gustavo Comin, y nos motivó para recrear un momento de la historia del Correo en tan retirado y olvidado lugar. Asimismo tuvo sellos de goma para uso interno, de los cuales solo poseemos el ovalado empleado en la década de 1950, que reproducimos.
COLOFÓN
Visitamos Mazaredo en abril de 2003. En el escenario de la inmensa soledad patagónica, impresiona la reinante salvaje belleza del lugar, el absoluto silencio en un raro día sin viento, donde no hay animales ni árboles a la vista, solo unos arbustos frente a la casa principal. Sobre el terreno crecen diseminados los duros pastos que produce el árido suelo, entre los cuales están esparcidos cantos rodados de variadas formas y colores. Únicamente quedan los dos edificios de sólida construcción del Correo, a los cuales les faltan las aberturas y tienen destrozos en el interior, causados por vándalos. A unos 200 metros está el triste cementerio con 5 tumbas abandonadas, donde solo una tiene el nombre del ocupante, "Fco. Ippolito" (Francesco Ippolito), un italiano fallecido en 1914. Eso es todo. Los habitantes más próximos residen en pocas y alejadas estancias. Distante de ciudades y rutas transitadas, solo recibe espaciadas visitas de algunos pescadores atraídos por la posibilidad de obtener buena pesca deportiva, y de los escasos turistas que se animan a desviarse de su viaje a otros destinos, para llegar a este apartado paraje. Está proyectado construirle un mejor y más directo camino de acceso, que permita el merecido aprovechamiento turístico.
BIBLIOGRAFÍA
- Archivo Histórico de
Correo Argentino. Buenos Aires.
- BORGIALI, Carlos. "El
camino del telégrafo". Recopilación de
"Argentina Austral", Tomo II. Buenos
Aires, 1978.
- CUANISCÚ, C.
"Santa
Cruz". Buenos Aires 1935.
- Diario
"La Nación". Buenos Aires.
Colección.
- Diario
"La Prensa". Buenos Aires.
Colección.
-" GUÍA KRAFT". Buenos Aires. Varios
años.
- "GUÍA DE CORREOS Y TELÉGRAFOS".
Buenos Aires. Varios años.
- LENZI, Juan Hilarión.
"Historia de Santa Cruz". Buenos
Aires, 1980.
- PEZZIMENTI, Héctor
Luis. Buenos Aires. Agradecemos que nos facilitara consultar documentos
del archivo de
José Olivera, en su poder.
- RODRÍGUEZ, Roberto L.
"Apuntes históricos del correo y
telégrafo en Puerto Deseado". Editorial
Dunken. Buenos
Aires, 2003.
- SANTOS, Carlos.
"Mazaredo", publicado en "Cuadernos
Culturales Deseadenses". Puerto
Deseado, abril
2004. También agradecemos que posibilitara nuestro viaje y conocimiento
personal de
Mazaredo.
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Mapa
José Olivera
Matasellos 1911
Edificio Correo Mazaredo
(abril 2003)
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