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EXPLORADORES - Navegación 1

"La vida a bordo" por Gabriel Ribas
En revista "Crónica documental de Malvinas"

La historia de los viajes de exploración es inseparable de la historia de la navegación. El buque era el principal instrumento de los descubridores y éstos, en la gran mayoría de los casos, eran marinos profesionales.
El buque de Sebald de Weert, el "Geloof", llegó a las Malvinas en enero de 1600, procedente de las costas chilenas. La expedición de la que había formado parte inició su viaje en junio de 1598.

Ochenta años antes, las naves de Magallanes zarparon de San Lucar de Barrameda en agosto de 1519, para llegar al río de la Plata en enero de 1520, a fines de marzo anclaron en San Julián, en la Patagonia. A fines de noviembre de 1520 salieron al Pacífico, el cruce hasta Leyte, en las Filipinas, llevó hasta abril de 1521...

Estos cuadros son habituales. Durante muchos meses, a veces años, el habitat de las tripulaciones son las reducidas instalaciones de sus barcos de madera.

Naos y hulks (denominación usada en el norte de Europa), carracas, carabelas y, más tarde, galeones de distinto tipo, son los principales buques utilizados en esos viajes.

Su tamaño era pequeño. Una carabela -el buque más ágil y maniobrero- como "La Niña" o "La Pinta" utilizadas por Colón, no superaban los veinte metros de eslora (largo máximo), las naos -como la "Santa María"- eran poco mayores. Los "grandes" galeones de mediados del siglo XVI solían casi duplicar esa cifra, lo que tampoco es mucho.

Hablar de confort es abusar del término. Las mayores comodidades -las cámaras de popa de los capitanes- serían hoy vistas con poco aprecio por cualquier tripulante de una embarcación menor.

Con todo, estos barcos eran la culminación de una larga experiencia, aprovechada en los siglos XV y XVI. "En el transcurso de cien años -comenta el investigador sueco Bjôrn Landström- el buque de vela había experimentado mayores progresos que en los anteriores 5500 años de su historia".

Se pasó de naves de uno o dos palos a las de tres, se combinaron velas cuadras y latinas (triangulares), se perfeccionó su manejo para aprovechar los vientos, la brújula facilitó la orientación en mar abierto, etcétera.

Los víveres embarcados podían durar un año, siempre que fuera posible reponer el agua y la leña y obtener alimentos frescos en los puntos de escala. El historiador español Vicens Vives proporciona una nómina de las provisiones de boca más usuales, de la que entresacamos algunos datos, referidos a las expediciones españolas o portuguesas, "trigo, vino, aceite, las bases alimenticias del hombre mediterráneo, lo eran también del descubridor, bizcocho o galleta de barco, vinagre, leguminosas [...] carne y pescado salado, aceitunas y avellanas, arroz, almendras, ajos, cebollas [...] frutas secas, queso y miel..."

A veces se presentaban situaciones extremas. El famoso caso de Magallanes en el cruce del Pacífico. Se llegó "a tal punto -explica Enrique de Gandia- que comieron bizcochos llenos de gusanos y cueros remojados en agua salada".

Generalmente las expediciones se formaban con varios buques y entonces el enlace entre ellos era vital. Para esto se utilizaban señales de banderas, disparos de artillería, faroles en la noche, o simplemente gritos cuando estaban al alcance de la voz. No obstante era común que los temporales los dispersaran, "La Pinta" y "La Niña", por ejemplo, regresaron separadas de su primer viaje.

El equipo de guerra, salvo excepciones, consistía en piezas ligeras de artillería, y otras armas blancas y de fuego. Estas últimas -espingardas, culebrinas, arcabuces- darían a los europeos una superioridad indiscutible.

El mando correspondía a los oficiales (capitán, maestre, piloto) y la disciplina era rígida, lo que no excluyó algunos motines y aun la deserción de navíos.

El mismo Vicens Vives, que seguimos en este punto, relata, "La vida a bordo fue siempre dura [...] La habitual incomodidad del buque, que la mar gruesa balancearía fuertemente, llegaba a su apogeo en las jornadas terribles de temporal, en que toda la tripulación estaba en alerta o en trabajo permanente y pasaba los días sin poder tomar una comida caliente en una nave donde no debía quedar ni un rincón seco".